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Conocer el TDAH

El TDAH no existe y otras falsas creencias

Si hay una patología de la salud mental que soporta un gran número de prejuicios, esa es el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). No es de extrañar, si tenemos en cuenta que, hasta no hace demasiado tiempo, a los menores que no paraban quietos en las aulas se les “trataba” atándolos a la silla.

El TDAH no existe

Uno de los mitos más extendidos es que el TDAH no existe. Si bien es cierto que el concepto de TDAH es relativamente novedoso (Lange et al., 2010), la existencia de niñ@s hiperactivos, impulsivos, y/o con problemas de atención es trazable en la literatura científica desde el siglo XIX. Además, la similitud de las descripciones “clásicas” con las de la actualidad sustenta la coherencia diagnóstica del TDAH. La primera descripción de un cuadro que hoy diagnosticaríamos como un TDAH fue realizada por Sir Alexander Chrichton en 1798. Este autor ya insistía en la falta de constancia e incapacidad para atender de los niñ@s que lo padecían. El “padre” del TDAH, el pediatra británico Sir George Frederic Still (1868–1941) fue el primero en señalar la proporción 3:1 (hombres: mujeres) que seguimos observando hoy en día, a pesar de los cambios sociales y culturales acaecidos. En 1932, Hans Pollnow (1902–1943) y Franz Kramer (1878–1967) realizaron descripciones de niños “hiperquinéticos” similares a las de la actualidad (Lange et al., 2010). Por ejemplo, señalaban sus dificultades en actividades que requieren de un esfuerzo sostenido, lo que limitaba su rendimiento académico y el potencial de su inteligencia real. Pero también objetivaban que estos niños podían concentrarse en ocasiones en algunas actividades de su interés. Es por ello que los menores con TDAH pueden pasarse horas jugando a la Play.

Finalmente, hay razones históricas que justifican que al TDAH no se le haya dado relevancia hasta hace relativamente poco tiempo. Si uno piensa en cuales eran las condiciones de vida a finales del siglo XIX o principios del XX, es razonable pensar que el hecho de que hubiera algunos chavales algo más inquietos no captara la atención de los “padres” de lo que hoy llamamos Psiquiatría. Estaban, efectivamente, ocupados en explicar desórdenes de salud mental de mayor gravedad que el TDAH, como la esquizofrenia o el trastorno bipolar. Por lo tanto, el TDAH no es una enfermedad creada. Ni siquiera se trata de un proceso de medicalización.

Por otra parte, resulta cuanto menos curioso lo que sucede con un primo-hermano del TDAH, la dislexia. ¿Alguien piensa que la dislexia no es una enfermedad? ¿Alguien piensa que las personas con dislexia escriben un 5 cuando quieren escribir un 2 adrede? ¿Verdad que no? Pues lo mismo sucede con el TDAH. El niño con TDAH no mueve las piernas o se contorsiona en el asiento o se muerde las uñas porque quiera hacerlo o molestar a alguien. Lo hace, porque es lo que su cerebro le dice que haga. Nadie niega a la dislexia como entidad clínica ni se cuestiona que su tratamiento de elección sea la logopedia. Sin embargo existe la creencia de que el TDAH no existe. Pero, ¿por qué?

El TDAH es un problema de educación

Otro de los mitos más extendidos es que el TDAH es un problema de educación. Nada más lejos de la realidad. Los menores con TDAH no se hacen, nacen: el TDAH se hereda. En consulta, los padres refieren que sus hijos con TDAH siempre fueron “diferentes”. Nos cuentan que, eran niños que dormían peor, más irritables, y que parecían despistados o tenían más rabietas “de lo normal”. En la guardería, esos niños tenían baja tolerancia a la frustración y usaban la agresividad más frecuentemente con sus iguales para resolver los conflictos. En ocasiones les costaba más aguantar el pis y también podían tener dificultades para leer y escribir. Otros tenían tics. Otros eran oposicionistas y otros mostraban rasgos Asperger, y síntomas obsesivos. ¿Cómo explicar esta elevada comorbilidad con trastornos de índole claramente biológico? ¿Acaso hay alguien que también piense que el Asperger, la enuresis, la dislexia, o el trastorno obsesivo-compulsivo son producidos por una mala educación? De hecho, los padres resumen habitualmente este componente hereditario con la siguiente frase lapidaria: “yo era igual que él de pequeño”.

Así, si el TDAH es un trastorno básicamente heredado, como lo es el color de los ojos o la estatura, ¿qué pensarán sus padres, cuando alguien les diga, que el TDAH es una invención? ¿Qué pensarán de aquellos profesionales que les digan que lo que necesitan sus hijos es, simplemente, jugar más tiempo en los parques? A los padres, se les suele culpabilizar –“no lo sabéis educar”- de manera gratuita demasiadas veces, bien en el entorno educativo, bien en el familiar. Es cierto que los patrones desadaptativos educativos existen en numerosas ocasiones, pero en la inmensa mayoría de los casos, estos patrones son secundarios al TDAH, no la causa. Además de ser injusto y falso que el TDAH sea por un problema de educación, esta dinámica culpabilizadora sobre los padres no hace sino agravar el problema, al retardarse la aplicación de un tratamiento correcto. Asimismo, siempre hay que tener en mente que alguno de los padres podría también tener TDAH o síntomas residuales del mismo. De hecho, muchos padres se “auto-diagnostican” en consulta. A algunos les ayuda a reconciliarse con algunos eventos de sus propias vidas. Al menos, saben porqué eran incapaces –y muchas veces, siguen siendo incapaces- de leer el periódico o una novela sin saltar de párrafo….. o por qué tenían tantas caídas cuando eran pequeños…. o porque se portaban “mal” sin ser malos, simplemente “porque es lo que me dice mi cerebrito que haga”.

El TDAH está de moda

Otro de los prejuicios más extendidos es que el TDAH está de moda. Sin embargo, en un estudio que publicamos en el 2013 (Garcia-Nieto et al., 2013), demostramos que en los últimos 20 años de asistencia psiquiátrica en la Comunidad de Madrid (CAM), el porcentaje de menores que eran tratados por TDAH tanto por los psicólogos clínicos como por los psiquiatras, era de un 2% aproximadamente, una cifra incluso alejada de la prevalencia del 5% a nivel mundial señalada en el metaanálisis de Polanczyk (Polanczyk et al., 2007). Es decir, los datos de la CAM no sólo sugerían un sobrediagnóstico, sino todo lo contrario, el infradiagnóstico. En otras palabras, es posible que muchos menores con TDAH aún sigan sin estar bien diagnosticados y, por lo tanto, adecuadamente tratados.

Los niños con TDAH son vagos

Por otra parte, la inmensa mayoría de los niños con TDAH no son vagos. Para desmontar este prejuicio, quizás sea más sencillo explicar lo que sucede con la dislexia. Parece obvio que, para las personas con dislexia, resulta más difícil leer y escribir correctamente. Y así es. ¿Qué es lo esperable, respecto al estudio, que por definición requiere de concentración y de atención, en una persona que tiene problemas precisamente en esas áreas? Pues lo mismo. Los menores con TDAH no es que sean vagos. Simplemente, les cuesta o no pueden estudiar. Esos niños “vagos”, cuando se les pone un tratamiento adecuado, que puede incluir el tratamiento farmacológico, la psicoeducación, la psicoterapia, y la generación de unos mínimos hábitos de estudio, empiezan a sacar unas notas académicas acorde a su potencial. Donde había un niño “vago”, muchas veces, lo que nos encontramos entonces es, un niño de sobresaliente. De hecho, he tenido casos de niños suspendiendo 9 asignaturas que, dos o tres meses después, con un correcto tratamiento, estaban sacando sólo notables y sobresalientes…. En muchos casos son menores que simplemente no pueden desplegar todo su potencial cognitivo. Recuerdo el caso de un niño al que, antes de iniciar el tratamiento se le había realizado un coeficiente intelectual (CI), y éste era de 92. Se le repitió la prueba pocos meses después, estando correctamente tratado para su TDAH. Su CI real era de 138. Era un niño superdotado que estaba suspendiendo varias asignaturas y graves dificultades de adaptación y socialización en el medio escolar y en su barrio. A continuación, puede ver algunos mitos y realidades más del TDAH.La realidad: 

Hay descripciones de TDAH desde el siglo XIX, aunque se denominaran de otra maneraLa realidad

El TDAH es más frecuente en hombres, sin embargo las mujeres también se ven afectadas, pero su diagnóstico tiende a demorarse.La realidad:

La etiología principal del TDAH es genética, pero influyen elementos ambientales, sociales, y culturales.La realidad:

La hiperactividad e impulsividad tienden a reducirse con la edad, pero no así el déficit de atención.La realidad:

Presenta una elevada cronicidad y sus consecuencias incluyen un mayor riesgo de drogadicción, delincuencia e inadaptación familiar y laboral en la vida adulta.La realidad:

Se debe evaluar cada caso de forma individualizada teniendo en cuenta la gravedad de la patología y su entorno.La realidad:

El tratamiento ideal es el Multimodal. Y en los casos moderados o graves, además, el tratamiento farmacológico es nuclear.La realidad:

Los medicamentos para el TDAH descienden el riesgo de que los afectados consuman drogas en la adolescencia y edad adulta.

Me gustaría terminar diciendo que sí. Quizás tratar el TDAH es un lujo que nos podemos permitir en aquello que llamamos Occidente. No lo desaprovechemos. Hoy sabemos que la mortalidad de los niños, adolescentes y adultos con TDAH es aproximadamente el doble que el de la población general (Dalsgaard et al., 2015b). Y sabemos que el riesgo de traumatismos y accidentes en los menores con TDAH, que es la principal causa de mortalidad en el TDAH en los menores, se reduce casi a la mitad cuando estaban recibiendo tratamiento (Dalsgaard et al., 2015a). Saquen sus propias conclusiones.

  1. Dalsgaard, S., Leckman, J. F., Mortensen, P. B., Nielsen, H. S., & Simonsen, M. (2015). Effect of drugs on the risk of injuries in children with attention deficit hyperactivity disorder: a prospective cohort study. Lancet Psychiatry, 2(8), 702-709.
  2. Dalsgaard, S., Ostergaard, S. D., Leckman, J. F., Mortensen, P. B., & Pedersen, M. G. (2015). Mortality in children, adolescents, and adults with attention deficit hyperactivity disorder: a nationwide cohort study. Lancet, 385(9983), 2190-2196.
  3. García-Nieto, R., López-Castromán, J., Blasco-Fontecilla, H., Ginestar, C.M., Baca-García, E. Psychiatrists’ and psychologists’ practice patterns: different profiles in a Spanish clinical sample. J Nerv Ment Dis. 2013 Dec;201(12):1090-6. doi: 10.1097/NMD.0000000000000054.
  4. Polanczyk, G., de Lima, M. S., Horta, B. L., Biederman, J., & Rohde, L. A. (2007). The worldwide prevalence of ADHD: a systematic review and metaregression analysis. Am J Psychiatry, 164(6), 942-948.
  • Hilario Blasco Fontecilla
  • Psiquiatra infantil y del adolescente
  • Hospital Universitario Puerta de Hierro - Madrid

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