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Bulos y falacias sobre las causas del TDAH

En este post vamos a centrarnos en un aspecto fundamental sobre el que surgen numerosas dudas en la consulta: la “etiología” del TDAH (es decir, cuáles son las causas que lo originan).

Además; aclararemos varios bulos y mentiras infundadas que campan habitualmente a sus anchas en conversaciones e Internet, acompañando al TDAH.

Las causas del TDAH

Muchos padres y madres me preguntan en la consulta a qué puede deberse la situación de su hijo/a. Pues la única respuesta basada en la evidencia que puedo darles a día de hoy es que su etiología es “multifactorial”; es decir, que se debe a numerosas causas.

Los factores influyentes más importantes son (en este orden): genéticos, neurológicos y ambientales. No se debe exclusivamente a ninguno de ellos en concreto, sino a la combinación de todos ellos.

Analicemos con detalle estos tres factores:

  1. En cuanto a los factores genéticos, se ha observado que sí existe una importante heredabilidad (es decir, puede transmitirse de padres a hijos)(13). A ello se debe que en numerosas ocasiones, normalmente las madres de los/las menores suelen decirme: «¡Ah! mi suegra siempre cuenta que cuando mi marido era pequeño, él era igual que nuestro hijo».

    Entonces, la pregunta obvia sería: ¿Pueden detectarse los genes implicados, y así predecir el TDAH? La respuesta es sencilla: sí podrían detectarse ciertos genes, pero sería inútil. El TDAH no se debe a unos pocos genes, sino que es debido a muchísimos de ellos (poligénico); y en ningún caso podría predecirse la futura aparición del TDAH.
    Al ser sólo una de las 3 principales causas del TDAH, aunque se detectaran todos los genes implicados en cada menor, no tendríamos la certeza absoluta de padecer TDAH.

  2. Respecto a los factores neurológicos (aparte de los genes implicados en el desarrollo neuronal), sí se ha demostrado su implicación directa en la patogénesis (aparición y desarrollo) del TDAH.

    Conviene destacar dos periodos relevantes:

    • el embarazo
    • el parto.

    Factores como la exposición a sustancias nocivas (como son el alcohol y el tabaco) dentro del útero, el bajo peso al nacer (bebés cuyo peso al nacer sea menor a 2’5 kilogramos) sí han demostrado ser factores de riesgo para el TDAH.Otras situaciones: lesión cerebral por anoxia o hipoxia (escasa cantidad de oxígeno en el cerebro), epilepsia, y los traumatismos craneoencefálicos, también han demostrado su papel en la génesis (aparición) del mismo.

    Nuevamente estamos hablando de factores predisponentes, es decir, facilitan la aparición del TDAH, pero nunca se puede achacar única y exclusivamente a uno sólo de ellos.

  3. Los factores ambientales (exposición a toxinas: plomo, pesticidas organosfosforados y policlorobifenilos) sí se han asociado a la aparición de sintomatología TDAH.

    Por el contrario, tanto el clima familiar como las adversidades psicosociales, permanecen de momento como “no relacionables” (o al menos no de una forma clara) con la aparición del TDAH.

    Conviene aclarar que un adecuado estilo educativo, favorecerá una minimización familiar y social de las consecuencias del TDAH. Es decir, un niño o niña con una adecuada nutrición afectiva y educativa (tanto en formación como en el aprendizaje de las normas sociales y la cortesía), así como un adecuado nivel de actividad física a través del cual poder encauzar adecuadamente su exceso de energía; conllevará una minimización considerable de las conductas disruptivas. Dicho de otra forma: a mejor nivel educativo, menor repercusión negativa del TDAH.

En resumen, no cabe duda de que se nace con o sin TDAH, pero los factores ambientales, sociales, y culturales que van apareciendo a lo largo del crecimiento del/la menor, van modulando su intensidad.

Finalmente, tras este breve desarrollo etiológico, enumeramos algunas frases “típicas” argumentando los motivos que los convierten en bulos o falacias:

  • “El TDAH es porque los/las niños/as están mal educados”: como hemos visto, es un trastorno del neurodesarrollo con una etiología multifactorial. En ningún caso se debe a una “mala educación” por parte de los padres. Por el contrario, una adecuada educación puede ayudar a minimizar la repercusión social y familiar del mismo; pero nunca es la única razón del TDAH.
  • “He oído que el TDAH es por las vacunas”. ¿Es verdad que se debe a ellas?”: rotundamente NO. Esta afirmación carece de aval científico, y no hay ningún estudio científico en la actualidad que la sustente. Desgraciadamente hace varios lustros se publicó un estudio en el que un autor relacionó el autismo con las vacunas. A pesar de que pocos años después el propio autor reconoció públicamente que había mentido, y que no existe ningún dato científico que avale esta hipótesis, esta atribución de que las vacunas pudieran producir enfermedades mentales sigue en el imaginario popular de algunas personas.
  • Ese niño no tiene TDAH, lo que pasa es que le faltan un par de tortas”. Desgraciadamente en más de una ocasión he oído semejante aberración. No hay que confundir nunca a un niño/a que ha recibido un mal estilo educativo (por ejemplo, si no se han impuesto límites de una forma razonable) o sencillamente no ha sido educado en valores, con un niño que tiene TDAH y a pesar de haber recibido una adecuada educación, su circunstancia (TDAH) le dificulta una conducta socialmente normalizada.
    Con el TDAH se nace, no se hace, y obviamente nunca aparecerá porque “no se le hayan dado un buen par de tortas a tiempo” al menor.
  • Nunca hay que confundir el estilo educativo con la aparición o existencia del TDAH. Obviamente ambos pueden solaparse, pero no existe una dependencia mutua. Repito: el TDAH no aparece por una mala educación en valores, pero una mala educación sí puede empeorar a un niño con TDAH.
  • “Eso del TDAH se lo han inventado los médicos y las farmacéuticas”. Desgraciadamente aquellas personas que sustentan estas afirmaciones arcaicas e inconsistentes, no tienen la posibilidad de estar a mi lado cuando realizo mi labor asistencial; pero si tuvieran la oportunidad, serían conscientes del evidente malestar psíquico, social y académico que puede ocasionar el TDAH a un menor correctamente diagnosticado. Como en todos los gremios, la Psiquiatría Infanto-Juvenil no es una excepción, y está repleta de numerosísimos profesionales excelentes, pero seguro que habrá también algún/a otro/a no tan bueno.
    El nuestro es un trabajo de alta cualificación técnica, con una formación previa y constantemente actualizada. Si acuden a un profesional cualificado y con dilatada experiencia clínica en Psiquiatría Infanto-Juvenil, a ciencia cierta que realizará una adecuada valoración psiquiátrica.
  • “Ese niño no tiene TDAH, lo que tiene que hacer es dejar de jugar a las maquinitas”. Jugar a los videojuegos no es ningún factor etiológico (es decir, no ocasiona el TDAH). No obstante, los psiquiatras recomendamos enfáticamente disminuir el tiempo de nuevas tecnologías (móvil, internet, Tablet, redes sociales, TV…) en detrimento de la actividad física. No hay que suprimir; sino balancear mucho más hacia la práctica deportiva. Dicho de otra forma, el deporte y la actividad física ayudan de forma sobresaliente a encauzar adecuadamente el exceso de energía y por ende a minimizar la impulsividad.
  • Dr. Guillermo Pírez Mora
  • Psiquiatra Infanto-Juvenil
  • Hospital Universitario Insular – Las Palmas de Gran Canaria

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